jueves, 22 de junio de 2017


MES DEL CORAZÓN DE JESÚS
1.- Oración Preparatoria. Oh Dios, que, por medio del Corazón de vuestro Hijo, herido por nuestras culpas, os dignáis en vuestra misericordia infinita darnos los tesoros de vuestro amor; os pedimos nos concedáis que, al presentaros el devoto obsequio de nuestra piedad, le ofrezcamos también el homenaje de una digna satisfacción. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

2.- Consideración del día: 

Día 22. Espina es la falta de conformidad con la voluntad de Dios, que hace murmurar de la Divina Providencia, cuando las cosas no suceden según el propio gusto o capricho.
3.- Invocaciones
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a) Sagrado Corazón de Jesús, circundado de espinas, haced que aceptemos los sufrimientos de esta vida como expiación por nuestros muchos pecados e ingratitudes y en reparación contra las ofensas que se os infieren, especialmente en la Santísima Eucaristía. Os lo pedimos por intercesión de vuestra Madre dolorosa.

Pater, Ave y Gloriapatri

b) Sagrado Corazón de Jesús, inflamado por las llamas de vuestra inmensa caridad, haced que nuestros corazones se abrasen en ese divino fuego y sean purgados de todo afecto desordenado como el oro en el crisol, de modo que en Vos se hagan uno como ofrenda de amor agradable a Dios. Os lo pedimos por el Corazón Inmaculado de María.

Pater, Ave y Gloriapatri

c) Sagrado Corazón de Jesús, abierto por la lanza del soldado a quien revelásteis vuestra divinidad, permitid que nos refugiemos en el seguro asilo de vuestro amor y que en él moremos como antesala del Cielo, donde esperamos gozar de la visión beatífica. Os lo pedimos por vuestra Madre la Corredentora.


4.- Oración final. Oh Señor nuestro Jesucristo, haced que vuestros santos misterios infundan en nosotros un fervor divino, de modo que, recibida la suavidad de vuestro dulcísimo Corazón, aprendamos a despreciar lo terreno y amar lo celestial. Vos que vivís y reináis por los siglos de los siglos. Amén.

Letanías del Sagrado Corazón de Jesús
Señor, misericordia.
Jesucristo, misericordia.Señor, misericordia.
Jesucristo, óyenos.Jesucristo, escúchanos.
Dios Padre celestial,Ten piedad de nosotros
Dios Hijo, Redentor del mundo,
Dios Espíritu Santo,
Santísima Trinidad un solo Dios,
Corazón de Jesús, Hijo del Eterno Padre,
Corazón de Jesús, Formado por el Espíritu Santo en el Seno de María
Corazón de Jesús, unido sustancialmente al Verbo,
Corazón de Jesús, de Majestad infinita
Corazón de Jesús, santo Templo de Dios
Corazón de Jesús, Tabernáculo del Altísimo
Corazón de Jesús, casa de Dios y puerta del Cielo
Corazón de Jesús, horno de encendido amor
Corazón de Jesús, receptáculo de la justicia y amor
Corazón de Jesús, lleno de bondad y amor
Corazón de Jesús, abismo de todas las virtudes
Corazón de Jesús, dignísimo de toda alabanza
Corazón de Jesús, Rey y centro de toda alabanza
Corazón de Jesús, en quien están todos los tesoros de sabiduría y ciencia
Corazón de Jesús, en quien habita la plenitud de la Divinidad
Corazón de Jesús, en quien el Padre se ha complacido
Corazón de Jesús, de cuya plenitud todos hemos recibido
Corazón de Jesús deseo de los collados eternos
Corazón de Jesús, paciente y de mucha misericordia
Corazón de Jesús, rico para todos los que lo invocan
Corazón de Jesús, fuente de vida y santidad
Corazón de Jesús, propiciación de nuestros pecados
Corazón de Jesús, saturado de oprobios
Corazón de Jesús, oprimido por nuestras maldades
Corazón de Jesús, hecho obediente hasta la muerte
Corazón de Jesús, traspasado por la lanza
Corazón de Jesús, fuente de todo consuelo,
Corazón de Jesús, vida y resurrección nuestra
Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra
Corazón de Jesús, víctima de los pecadores
Corazón de Jesús, salvación de los que esperan en Ti
Corazón de Jesús, esperanza de los que en Ti mueren
Corazón de Jesús, delicia de todos los santos,

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo.Perdónanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo,Escúchanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo,Ten misericordia de nosotros.

V. Jesús Manso y humilde de corazón,
R. Haz nuestro corazón semejante al tuyo.

Oración: Omnipotente y sempiterno Dios, mira al Corazón de tu muy amado Hijo y a las alabanzas y satisfacciones que te tributa en nombre de los pecadores; concede benigno el perdón a los que invocamos tu misericordia, en el nombre del mismo Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en unión del Espíritu Santo Dios, por todos los siglos de los siglos. R.Amén. 
San Paulino de Nola, Obispo y Confesor.
Vida de los Santos de A. Butler
SAN PAULINO DE NOLA, OBISPO Y CONFESOR - Vidas de los Santos de A. Butler
  San Paulino, cuyo nombre completo era Poncio Meropio Anicio Paulino, fue uno de los hombres más notables de su época, a quien elogian, en términos de afectuoso aprecio o de admiración, san Martín, san Sulpicio Severo, san Ambrosio, san Agustín, san Jerónimo, san Euquerio, san Gregorio de Tours, Apollinario, Cassiodoro y otros antiguos escritores. Su padre, prefecto en las Galias, poseía tierras en Italia, Aquitania y España. Paulino vino al mundo cerca de Burdeos. Desde pequeño tuvo como maestro de poesía y retórica al famoso poeta Ausonio. Guiado por tan magnífico tutor, el muchacho colmó las grandes esperanzas que habían sido puestas en él y, cuando era todavía muy joven, se hizo notar y aplaudir en la tribuna. «Todos -dice san Jerónimo- admiraban la pureza y elegancia de su dicción, la delicadeza y generosidad de sus sentimientos, la fuerza y dulzura de su estilo y la vivacidad de su imaginación».
Se le confiaron numerosos cargos públicos y, si bien no sabemos cuáles fueron, hay razones para suponer que desempeñó un alto puesto en Campania y también fue prefecto en el Nuevo Epiro. Sus deberes, cualquiera que fuesen, le mantenían en constante actividad, en viajes continuos y largos y, en el curso de su vida pública, hizo muchos amigos en Italia, las Galias y España. Se casó con una dama española llamada Terasia y, al cabo de algunos años, se retiró a sus propiedades de Aquitania para descansar y cultivar su espíritu con la lectura. Fue entonces cuando entabló relaciones consan Delfino, obispo de Burdeos, quien posteriormente convirtió y bautizó a Paulino y a su hermano. Después de su conversión, alrededor del año 390, se fue a vivir con su esposa en las tierras que poseía en España, donde nació su primer hijo, luego de varios años de espera; pero aquella criatura murió a los ocho días de nacido. Desde aquel momento, Paulino y su esposa resolvieron llevar una vida más apegada a la doctrina cristiana, con la práctica de la austeridad y la caridad y, sin más trámites, comenzaron a disponer de una parte considerable de sus muchos bienes para beneficio de los pobres. Aquella prodigalidad tuvo un resultado que, al parecer, fue una sorpresa para el matrimonio, sobre todo para Paulino. El día de Navidad, alrededor del año 393, como respuesta a una espontánea, repentina e insistente petición del pueblo, el obispo de Barcelona confirió a Paulino, en su catedral, las órdenes sacerdotales, a pesar de que ni siquiera había llegado a ser un diácono. El caso de conferir las órdenes sagradas por aclamación popular, tiene otros ejemplos: aparte del bien conocido caso de la elevación de san Ambrosio a la sede episcopal, tenemos un incidente similar que ocurrió al esposo desanta Melania la Joven (Melania y Piniano, no sólo eran contemporáneos, sino amigos personales de san Paulino y, lo mismo que él, se habían desprendido de grandes sumas de dinero para distribuirlas en limosnas).
Pero si los ciudadanos habían abrigado la esperanza de retener con ellos a Paulino, quedaron desengañados. Ya desde antes habían resuelto establecerse en Nola, una población pequeña cerca de Nápoles, donde también tenía propiedades. Tan pronto como dio a conocer sus intenciones y trató de vender sus posesiones en Aquitania, como lo había hecho con las propiedades de Terasia en España, surgieron las objeciones de los amigos y las oposiciones de los parientes. Pero no se dejó arredrar por ello y llevó a cabo sus propósitos: se trasladó a Italia, donde san Ambrosio y otros amigos le recibieron cordialmente. En cambio, en Roma tuvo una fría recepción por parte del papa san Siricio y sus clérigos, los cuales, probablemente, se hallaban resentidos por el carácter anticanónico de su ordenación. Por lo tanto, la permanencia de Paulino en Roma fue muy breve y partió hacia Nola con su esposa. Ahí estableció su residencia en una gran casa de dos pisos, fuera de los muros de la ciudad, no lejos del lugar donde se veneraba la tumba de san Félix. A pesar de sus cuantiosos donativos, aún conservaba bastantes propiedades en Italia y una fortuna considerable.
Pero de todo esto se desprendió también, poco a poco, en obras de caridad y en el patrocinio de proyectos que favoreciesen a la religión y a la Iglesia. Construyó una iglesia en la población de Fondi, dotó a Nola del acueducto que tanto necesitaba y socorrió a un ejército de pobres, deudores, vagabundos, mendigos y enfermos, muchos de los cuales, vivían prácticamente en el piso bajo de su casa. Paulino, con algunos amigos, ocupaba la planta alta donde todos llevaban una existencia dedicada a la oración y la penitencia, muy semejante a la monástica. Se supone que Terasia era el ama de llaves que atendía a todos los moradores de aquel establecimiento. Contigua a él, había una casa más pequeña, con jardín, que servía para hospedar a los visitantes. Entre los que gozaron de aquella hospitalidad, se pueden mencionar a santa Melania la Vieja y al obispo misionero san Niceto de Remesiana, quien estuvo ahí en dos ocasiones. Es muy notable el relato que se conserva en la biografía de Melania, la Joven, donde describe su llegada a Nola con su esposo y otros fieles cristianos. Cuando san Paulino fijó ahí su residencia, había ya tres pequeñas basílicas y una capilla, en torno a la tumba de san Félix, el que fuera presbítero del lugar; Paulino agregó una iglesia más, cuyos muros hizo adornar con mosaicos, el propio santo escribió, en verso, una descripción del edificio y sus ornamentos. Tres de aquellas iglesias compartían la puerta de entrada y, seguramente estaban comunicadas por el interior, de manera semejante a como se comunicaban las siete antiguas basílicas que forman la iglesia de San Esteban, en Bolonia. Cada año, en ocasión de la fiesta de San Félix, Paulino le rendía lo que él llamaba un tributo de su servicio voluntario, en la forma de un poema. Catorce o quince de esas obras se conservan todavía.
A la muerte del obispo de Nola, alrededor del año 409, san Paulino fue señalado, naturalmente, como el único indicado para ocupar el puesto vacante y, en consecuencia, se hizo cargo de la sede episcopal hasta su muerte. Fuera del dato de que gobernó con gran sabiduría y liberalidad, no tenemos otras informaciones que ilustren su carrera como pastor de almas. Una vez al año, en ocasión de la fiesta de San Pedro y San Pablo, iba de visita a Roma; pero de otra manera, nunca abandonaba Nola. En cambio, gustaba de escribir cartas y, por correspondencia, sostenía sus relaciones con todos sus amigos y con los más destacados hombres de la Iglesia en su época, especialmente con san Jerónimo y san Agustín; a este último le consultaba a menudo sobre diversas cuestiones, incluso la aclaración de ciertos pasajes oscuros de la Biblia. Precisamente, para responder a una solicitud de Paulino, escribió San Agustín su libro «Del cuidado a los muertos», en el que declara que las pompas fúnebres y otros honores ostentosos, sólo sirven de consuelo a los deudos y no al difunto. San Paulino vivió hasta el año 431, y los últimos momentos de su existencia quedaron descritos en la carta de un testigo, llamado Uranio. Tres días antes de expirar fue visitado por dos obispos, Símaco y Acindino, con los cuales celebró los divinos misterios, sin alzarse del lecho. Después se le acercó el sacerdote Postumiano para advertirle que se debían cuarenta monedas de plata por la compra de ropas para los pobres. El santo moribundo repuso, con una sonrisa que, sin duda, alguien iba a pagar la deuda de los pobres y, casi inmediatamente, llegó un mensajero portador de un donativo de cincuenta monedas de plata. El último día, a la hora de vísperas, cuando se encendían las lámparas en la iglesia, el obispo rompió su prolongado silencio y, al tiempo que levantaba una mano, musitó estas palabras: «Ya tengo preparada una lámpara para mi Cristo». Pocas horas más tarde, los que le velaban sintieron un estremecimiento bajo sus pies, como el de un ligero terremoto y, en aquel momento, san Paulino entregó su alma a Dios. Fue sepultado en la iglesia que había construido en honor de san Félix. Poco después, sus reliquias fueron trasladadas a Roma, pero, posteriormente, en 1909, fueron devueltas a Nola, por orden del santo papa Pío X.
De los escritos de san Paulino, que parecen haber sido muy numerosos, se conservan treinta y dos poemas, cincuenta y un cartas y unos cuantos fragmentos. Se le considera como el mejor poeta cristiano de su época, después de Prudencio. Su epitalamio para Julián, obispo de Ia y Eclanum, es uno de los poemas cristianos más antiguos que se conocen. No existe una biografía propiamente dicha de san Paulino, escrita en tiempos antiguos, pero en cambio contamos con la carta de Uranio para describir su muerte y con una breve nota de san Gregorio de Tours. Además, en la correspondencia del mismo Paulino y en las referencias de sus contemporáneos, encontramos una cantidad considerable de material biográfico.
Ése fue el material que se utilizó en el Acta Sanctorum, junio, vol. V. Otra fuente de información que llegó a conocerse en tiempos relativamente recientes, es la Vida de Melania la Joven, en textos griegos y latinos, que se encontrarán en la edición del cardenal Rampolla, Santa Melania Giuniore (1905). Las biografías modernas mejores son las de A. Buse, F. Lagrange y A. Baudrillart. N.ETF: La «Patrología» de Quasten-Di Bernardino, BAC 422, tomo III, pág 351ss. ofrece una noticia biográfica en algunos puntos divergente, y una bibliografía un poco más actualizada que la del Butler de y sobre el santo.

miércoles, 21 de junio de 2017


MES DEL CORAZÓN DE JESÚS
1.- Oración Preparatoria. Oh Dios, que, por medio del Corazón de vuestro Hijo, herido por nuestras culpas, os dignáis en vuestra misericordia infinita darnos los tesoros de vuestro amor; os pedimos nos concedáis que, al presentaros el devoto obsequio de nuestra piedad, le ofrezcamos también el homenaje de una digna satisfacción. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

2.- Consideración del día: 

Día 21. Espina para el Corazón de Jesús es la falta de una fe viva por parte de muchos que le aman y sirven, y le sirven casi a la fuerza y arrastrándose más que caminando, en la vida espiritual.
3.- Invocaciones.


a) Sagrado Corazón de Jesús, circundado de espinas, haced que aceptemos los sufrimientos de esta vida como expiación por nuestros muchos pecados e ingratitudes y en reparación contra las ofensas que se os infieren, especialmente en la Santísima Eucaristía. Os lo pedimos por intercesión de vuestra Madre dolorosa.

Pater, Ave y Gloriapatri

b) Sagrado Corazón de Jesús, inflamado por las llamas de vuestra inmensa caridad, haced que nuestros corazones se abrasen en ese divino fuego y sean purgados de todo afecto desordenado como el oro en el crisol, de modo que en Vos se hagan uno como ofrenda de amor agradable a Dios. Os lo pedimos por el Corazón Inmaculado de María.

Pater, Ave y Gloriapatri

c) Sagrado Corazón de Jesús, abierto por la lanza del soldado a quien revelásteis vuestra divinidad, permitid que nos refugiemos en el seguro asilo de vuestro amor y que en él moremos como antesala del Cielo, donde esperamos gozar de la visión beatífica. Os lo pedimos por vuestra Madre la Corredentora.


4.- Oración final. Oh Señor nuestro Jesucristo, haced que vuestros santos misterios infundan en nosotros un fervor divino, de modo que, recibida la suavidad de vuestro dulcísimo Corazón, aprendamos a despreciar lo terreno y amar lo celestial. Vos que vivís y reináis por los siglos de los siglos. Amén.

Letanías del Sagrado Corazón de Jesús
Señor, misericordia.
Jesucristo, misericordia.Señor, misericordia.
Jesucristo, óyenos.Jesucristo, escúchanos.
Dios Padre celestial,Ten piedad de nosotros
Dios Hijo, Redentor del mundo,
Dios Espíritu Santo,
Santísima Trinidad un solo Dios,
Corazón de Jesús, Hijo del Eterno Padre,
Corazón de Jesús, Formado por el Espíritu Santo en el Seno de María
Corazón de Jesús, unido sustancialmente al Verbo,
Corazón de Jesús, de Majestad infinita
Corazón de Jesús, santo Templo de Dios
Corazón de Jesús, Tabernáculo del Altísimo
Corazón de Jesús, casa de Dios y puerta del Cielo
Corazón de Jesús, horno de encendido amor
Corazón de Jesús, receptáculo de la justicia y amor
Corazón de Jesús, lleno de bondad y amor
Corazón de Jesús, abismo de todas las virtudes
Corazón de Jesús, dignísimo de toda alabanza
Corazón de Jesús, Rey y centro de toda alabanza
Corazón de Jesús, en quien están todos los tesoros de sabiduría y ciencia
Corazón de Jesús, en quien habita la plenitud de la Divinidad
Corazón de Jesús, en quien el Padre se ha complacido
Corazón de Jesús, de cuya plenitud todos hemos recibido
Corazón de Jesús deseo de los collados eternos
Corazón de Jesús, paciente y de mucha misericordia
Corazón de Jesús, rico para todos los que lo invocan
Corazón de Jesús, fuente de vida y santidad
Corazón de Jesús, propiciación de nuestros pecados
Corazón de Jesús, saturado de oprobios
Corazón de Jesús, oprimido por nuestras maldades
Corazón de Jesús, hecho obediente hasta la muerte
Corazón de Jesús, traspasado por la lanza
Corazón de Jesús, fuente de todo consuelo,
Corazón de Jesús, vida y resurrección nuestra
Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra
Corazón de Jesús, víctima de los pecadores
Corazón de Jesús, salvación de los que esperan en Ti
Corazón de Jesús, esperanza de los que en Ti mueren
Corazón de Jesús, delicia de todos los santos,

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo.Perdónanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo,Escúchanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo,Ten misericordia de nosotros.

V. Jesús Manso y humilde de corazón,
R. Haz nuestro corazón semejante al tuyo.

Oración: Omnipotente y sempiterno Dios, mira al Corazón de tu muy amado Hijo y a las alabanzas y satisfacciones que te tributa en nombre de los pecadores; concede benigno el perdón a los que invocamos tu misericordia, en el nombre del mismo Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en unión del Espíritu Santo Dios, por todos los siglos de los siglos. R.Amén. 
San Luis Gonzaga, Confesor
La vida de los Santos de A. Butler
"La vocación de San Luis"

(C. 1591 p.c.) - El patrón de la juventud católica, san Luis Gonzaga, nació el 9 de marzo de 1568, en el castillo de Castiglione delle Stivieri, en la Lombardía. Fue el hijo mayor de Ferrante, marqués de Castiglione, y de su esposa Marta Tana Santena, dama de honor de la reina de la corte de Felipe II de España, donde también el marqués ocupaba un alto cargo. La gran ambición de Ferrante era la de que su hijo llegase a ser un buen soldado y, en consecuencia, desde que el niño tenía cuatro años jugaba con cañones y arcabuces en miniatura y, a los cinco, su padre lo llevó a Casalmaggiore, donde unos tres mil soldados se ejercitaban en preparación para la campaña de la expedición española contra Túnez. Durante su permanencia en aquellos cuarteles, que se prolongó durante varios meses, el pequeño Luis se divertía en grande al encabezar los desfiles y en marchar al frente del pelotón con una pica al hombro; en cierta ocasión, mientras las tropas descansaban, se las arregló para cargar una pieza de la artillería, sin que nadie lo advirtiera, y dispararla, con la consiguiente alarma en el campamento. A fuerza de encontrarse siempre rodeado por los soldados, aprendió varias de las palabras soeces de su rudo vocabulario y, al regresar al castillo, las repetía candidamente. Pero desde el momento en que su tutor lo reprendió, haciéndole ver que aquel lenguaje no sólo era grosero y vulgar, sino blasfemo, Luis se mostró sinceramente avergonzado y arrepentido; a decir verdad, durante toda su vida no dejó de lamentarse por haber cometido lo que siempre consideró como un gran pecado.
Apenas contaba siete años de edad cuando experimentó lo que podría describirse mejor como un despertar espiritual o un súbito desarrollo de sus facultades religiosas. Siempre había dicho sus oraciones matinales y vespertinas, pero desde entonces y por iniciativa propia, recitó a diario el oficio de Nuestra Señora, los siete salmos penitenciales y otras devociones, siempre de rodillas y sin cojincillo. Su propia entrega a Dios en su infancia fue tan completa y absoluta que, según su director espiritual, san Roberto Bellarmino, y tres de sus confesores, nunca, en toda su vida, cometió un pecado mortal. En 1577, Ferrante llevó consigo a Luis y a su hermano Rodolfo a Florencia y ahí dejó a sus dos hijos, al cargo de varios tutores, para que aprendiesen el latín y el idioma italiano puro de la Toscana. Cualesquiera que hayan sido sus progresos en estas ciencias seculares, no impidieron que Luis avanzara a grandes pasos por el camino de la santidad y, desde entonces, solía llamar a Florencia «la escuela de la piedad». Obligado por su rango a presentarse con frecuencia en la corte del gran ducado, se encontró mezclado con aquellos seres que -según la descripción de un historiador- «formaban una sociedad para el fraude, el vicio, y el crimen, el veneno y la lujuria en su peor especie». Pero para un alma tan piadosa como la de Luis, el único resultado de aquellos ejemplos funestos fue el de acrecentar su celo por la virtud y la castidad. A fin de librarse de las tentaciones posibles, se sometió a una disciplina rigurosísima, tal vez un remedo de la que practicaban los padres del desierto, aunque nadie pueda imaginar que, precisamente, esas mortificaciones eran las que deseaba imitar un niño de nueve años. Se dice, por ejemplo, que hacía un esfuerzo para mantener baja la vista siempre que estaba en presencia de una mujer y que a nadie, ni aun a los criados que le atendían, les permitía ver siquiera su pie descubierto. Hacía poco más de dos años que los jóvenes Gonzaga vivían en Florencia, cuando su padre los trasladó a la corte del duque de Mantua, quien acababa de nombrar a Ferrante gobernador de Montserrat. Esto ocurría en el mes de noviembre de 1579, cuando Luis tenía once años y ocho meses. A pesar de que ya había recibido sus investiduras de manos del emperador, mantenía la firme intención de renunciar a sus derechos de sucesión sobre el marquesado de Castiglione en favor de su hermano. Una dolorosa enfermedad renal que le atacó por aquel entonces, le sirvió de pretexto para suspender sus apariciones en público y dedicar todo su tiempo a la plegaria y la lectura de la colección de «Vidas de los santos» hecha por Surius. Pasó la enfermedad, pero su salud quedó quebrantada por trastornos digestivos tan frecuentes, que durante el resto de su vida tuvo dificultades en asimilar los diarios alimentos. Otro de los libros que leyó en aquel período de reclusión, sobre las experiencias de los misioneros jesuitas en la India, le suscitó la idea de ingresar en la Compañía de Jesús a fin de trabajar por la conversión de los herejes. Como primer paso en su futuro camino de misionero, aprovechó las vacaciones veraniegas que pasaba en su casa de Castiglione para enseñar el catecismo a los niños pobres del lugar. En Casale-Monferrato, donde pasaba el invierno, se refugiaba durante horas enteras en las iglesias de los capuchinos y los barnabitas; en privado comenzó a practicar las mortificaciones de un monje: ayunaba tres días a la semana a pan y agua, se azotaba con el látigo de su perro, se levantaba a mitad de la noche para rezar de rodillas sobre las losas desnudas de una habitación en la que no permitía que se encendiese fuego, por riguroso que fuera el tiempo. En 1581, se dio a Ferrante la comisión de escoltar a la emperatriz María de Austria en su viaje de Bohemia a España. La familia acompañó a Ferrante y, al llegar a España, Luis y su hermano Rodolfo fueron designados pajes de Don Diego, príncipe de Asturias. A pesar de que Luis, obligado por sus deberes, atendía al joven infante y participaba en sus estudios, nunca omitió o disminuyó sus devociones. Cumplía estrictamente con la hora diaria de meditación que se había prescrito, no obstante que para llegar a concentrarse, necesitaba a veces varias horas de preparación. Su seriedad, espiritualidad y circunspección, extrañas en un adolescente de su edad, fueron motivo para que algunos de los cortesanos comentaran que el joven marqués de Castiglione no parecía estar hecho de carne y hueso como los demás.
Por aquella época, ya estaba completamente resuelto a ingresar en la Compañía de Jesús. Primero, comunicó sus proyectos a su madre, quien los aprobó en seguida, pero en cuanto ésta los participó a su esposo, Ferrante montó en cólera a tal extremo, que amenazó con ordenar que azotaran a su hijo hasta que recuperase el sentido común. A la desilusión de ver frustrados sus sueños sobre la carrera militar de Luis, se agregaba en la mente de Ferrante la sospecha de que la decisión de su hijo era parte de un plan urdido por los cortesanos para obligarle a retirarse del juego en el que había perdido grandes cantidades de dinero. De todas maneras, Ferrante persistía en su negativa hasta que, por mediación de algunos de sus amigos, accedió de mala gana a dar un consentimiento provisional. La temprana muerte del infante Don Diego vino entonces a librar a los hermanos Gonzaga de sus obligaciones cortesanas y, luego de una estancia de dos años en España, regresaron a Italia en julio de 1584. Al llegar a Castiglione se reanudaron las discusiones sobre el futuro de Luis y éste encontró obstáculos a su vocación, no sólo en la tenaz negativa de su padre, sino en la oposición de la mayoría de sus parientes, incluso el duque de Mantua. Acudieron a parlamentar eminentes personajes eclesiásticos y laicos que recurrieron a las promesas y las amenazas a fin de disuadir al muchacho; pero no lo consiguieron. Ferrante hizo los preparativos para enviarle a visitar todas las cortes del norte de Italia y, terminada esta gira, encomendó a Luis una serie de tareas importantes, con la esperanza de despertar en él nuevas ambiciones que le hicieran olvidar sus propósitos. Pero no hubo nada que pudiese doblegar la voluntad de Luis. Luego de haber dado y retirado su consentimiento muchas veces, Ferrante capituló por fin, al recibir el consentimiento imperial para la transferencia de los derechos de sucesión a Rodolfo. Inmediatamente después, Luis partió hacia Roma y, el 25 de noviembre de 1585, ingresó al noviciado en la casa de la Compañía de Jesús, en Sant'Andrea. Acababa de cumplir los dieciocho años. Al tomar posesión de su pequeña celda, exclamó espontáneamente: "Este es mi descanso para siempre; aquí habitaré, pues así lo he deseado" (Salmo 131(132),14). Seis semanas después murió Don Ferrante: desde el momento en que su hijo Luis abandonó el hogar para ingresar en la Compañía de Jesús, había transformado completamente su manera de vivir.
No hay mucho más que decir sobre san Luis durante los dos años siguientes, fuera de que, en todo momento, dio pruebas de ser un novicio modelo. Al quedar bajo las reglas de la disciplina, estaba obligado a participar en los recreos, a comer más y a distraer su mente. Además, por motivo de su salud delicada, se le prohibió orar o meditar fuera de las horas fijadas para ello; Luis obedeció, pero tuvo que librar una recia lucha consigo mismo para resistir el impulso a fijar su mente en las cosas celestiales. Pensaba que un aristócrata por nacimiento como él, tendría que ser considerado ajeno a la humildad y, en consecuencia, suplicaba que se le permitiera trabajar en la cocina, lavar los platos y ocuparse en las tareas más serviles. Cierto día, hallándose en Milán, en el curso de sus plegarias matutinas, le fue revelado que no le quedaba mucho tiempo por vivir. Aquel anuncio le llenó de júbilo y apartó aún más su corazón de las cosas de este mundo. Por consideración a su precaria salud, fue trasladado de Milán para que completase en Roma sus estudios teológicos. Sólo Dios sabe de qué artificios se valió para que le permitieran ocupar un cubículo estrecho y oscuro, debajo de la escalera y con una claraboya en el techo, sin otros muebles que un camastro, una silla y un estante para los libros. Durante esa época, con frecuencia en las aulas y en el claustro se le veía arrobado en la contemplación; algunas veces, en el comedor y durante el recreo caía en éxtasis. Los atributos de Dios eran los temas de meditación favoritos del santo y, al considerarlos, parecía impotente para dominar la alegría desbordante que le embargaba.
En 1591, atacó con violencia a la población de Roma una epidemia de fiebre. Los jesuitas, por su cuenta, abrieron un hospital en el que todos los miembros de la orden, desde el padre general hasta los hermanos legos, prestaban servicios personales. Luis desplegó una actividad extraordinaria. Instruía, exhortaba y consolaba a los enfermos, los lavaba, hacía sus camas y trabajaba con entusiasmo en el desempeño de las tareas más repugnantes del hospital. Muchos de los padres cayeron víctimas del mal, y Luis no fue la excepción. Pensó que iba a morir y, con grandes manifestaciones de gozo (que más tarde lamentó por el escrúpulo de haber confundido la alegría con la impaciencia), recibió el viático y la unción. Contrariamente a todas las predicciones, se recuperó de aquella enfermedad, pero quedó afectado por una fiebre intermitente que, en tres meses, le redujo a un estado de gran debilidad. En todas las ocasiones que le fue posible, se levantaba del lecho, por la noche, para adorar de hinojos al crucifijo, para besar una tras otra, las imágenes sagradas que guardaba en su habitación y para orar, hincado en el estrecho espacio entre la cama y la pared. Con mucha humildad pero con tono ansioso, preguntaba a su confesor, san Roberto Bellarmino, si creía que algún hombre pudiese volar directamente a la presencia de Dios, sin pasar por el purgatorio. San Roberto le respondía afirmativamente y, como conocía bien el alma de Luis, le alentaba a tener esperanzas de que se le concediera esa gracia. En una de aquellas ocasiones, el joven cayó en un arrobamiento que se prolongó durante toda la noche, y fue entonces cuando se le reveló que habría de morir en la octava del Corpus Christi. Durante todos los días siguientes, recitó el «Te Deum» como acción de gracias.
Algunas veces se le oía gritar las palabras del salmo: «Me alegré porque me dijeron: ¡Iremos a la casa del Señor!» (121(122),1). En una de esas ocasiones, agregó: «¡Ya vamos con gusto, Señor, con mucho gusto!» Al octavo día parecía estar tan mejorado, que el padre rector habló de enviarle a Frascati. Sin embargo, Luis afirmaba que iba a morir antes de que despuntara el alba del día siguiente y recibió de nuevo el viático. Al padre provincial, que llegó a visitarle, le dijo:
-¡Ya nos vamos, padre; ya nos vamos . . . !
-¿A dónde, Luis?
-¡Al Cielo!
-¡Oigan a este joven! -exclamó el provincial. Habla de ir al cielo como nosotros hablamos de ir a Frascati.
Al caer la tarde, se diagnóstico que el peligro de muerte no era inminente y se mandó a descansar a todos los que le velaban, con excepción de dos. A instancias de Luis, el padre Bellarmino rezó las oraciones para la muerte, antes de retirarse. El enfermo quedó inmóvil en su lecho y sólo en ocasiones murmuraba: «En Tus manos, Señor...» Entre las diez y las once de aquella noche se produjo un cambio en su estado y fue evidente que el fin se acercaba. Con los ojos clavados en el crucifijo y el nombre de Jesús en sus labios, expiró alrededor de la medianoche, entre el 20 y el 21 de junio de 1591, al llegar a la edad de veintitrés años y ocho meses. Los restos de San Luis Gonzaga se conservan actualmente bajo el altar de Lancellotti, en la Iglesia de San Ignacio, en Roma. Fue canonizado en 1726.
Consideramos necesario confesar que las cartas de san Luis que se han conservado, no brindan una lectura atractiva. Tal vez esto se deba, en parte, a la estricta censura a que estaba sujeta la correspondencia de todos los jóvenes religiosos y también, en parte, al despego de los vínculos familiares y hogareños que se inculcaba como una virtud, pero el caso es que en las comunicaciones del santo con los suyos, aun en las cartas a su madre, priva un extraño tono seco, frío y formal. Sin embargo, en algunas de sus últimas cartas, escritas desde su lecho de muerte, prácticamente hablando, aparece un tono definido y emocionado que nos hace comprender hasta qué profundidad habían penetrado en él las verdades eternas que formaban parte de su vida misma.
Los materiales para la biografía de este santo son muy abundantes y enteramente dignos de confianza. La biografía del padre Virgilio Cepari, contemporáneo y amigo de Luis, fue escrita, por lo menos su primera parte, durante la vida del santo, a pesar de que no fue impresa y publicada hasta el año de 1606, a causa de que la obra fue sometida al examen de numerosos críticos, incluso san Roberto Bellarmino, que habían conocido al santo y vivido con él durante largo tiempo. Desde la fecha de su primera publicación, la obra de Cepari ha sido reimpresa en múltiples ediciones y traducciones. Desde el punto de vista de la exactitud de todos los detalles y la inclusión de pruebas y documentos, se recomienda la edición de la biografía de Cepari preparada por el padre Frederick Schroeder en 1891, que fue, sin duda, la fuente de información más digna de confianza. Las cartas y escritos espirituales de san Luis fueron coleccionados por E. Rosa. F. Crispolti, en San Luigi Gonzaga, Saggio (1924), reivindicó hábilmente al santo de las críticas y acusaciones de Gioberti y otros. También debe hacerse notar que la forma exagerada con que el santo evitó a las mujeres, hasta a su propia madre, con la que nunca sostuvo una conversación téte-a-téte (las declaraciones de Cepari al respecto fueron mal interpretadas a causa de una traducción errada), constituían una actitud que, posiblemente adoptó Luis para imitar devotamente lo que había leído sobre su patrono, san Luis de Anjou, en la obra de Surius ("nolebat sórores suas nec matrem propriam osculare. Omnino colloquis et aspectus mulierum evitabat", no deseaba mirar ni a sus hermanas ni a su madre, evitaba toda conversación y encuentro con mujeres.). Ver The Month, agosto, 1924, pp. 158-160.

martes, 20 de junio de 2017


MES DEL CORAZÓN DE JESÚS
1.- Oración Preparatoria. Oh Dios, que, por medio del Corazón de vuestro Hijo, herido por nuestras culpas, os dignáis en vuestra misericordia infinita darnos los tesoros de vuestro amor; os pedimos nos concedáis que, al presentaros el devoto obsequio de nuestra piedad, le ofrezcamos también el homenaje de una digna satisfacción. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

2.- Consideración del día: 

Día 20. Lanzada contra el Corazón de Cristo es la condenación eterna de tantos hombres, que no han querido aprovecharse de la Divina Sangre, derramada para su salvación.
3.- Invocaciones.


a) Sagrado Corazón de Jesús, circundado de espinas, haced que aceptemos los sufrimientos de esta vida como expiación por nuestros muchos pecados e ingratitudes y en reparación contra las ofensas que se os infieren, especialmente en la Santísima Eucaristía. Os lo pedimos por intercesión de vuestra Madre dolorosa.

Pater, Ave y Gloriapatri

b) Sagrado Corazón de Jesús, inflamado por las llamas de vuestra inmensa caridad, haced que nuestros corazones se abrasen en ese divino fuego y sean purgados de todo afecto desordenado como el oro en el crisol, de modo que en Vos se hagan uno como ofrenda de amor agradable a Dios. Os lo pedimos por el Corazón Inmaculado de María.

Pater, Ave y Gloriapatri

c) Sagrado Corazón de Jesús, abierto por la lanza del soldado a quien revelásteis vuestra divinidad, permitid que nos refugiemos en el seguro asilo de vuestro amor y que en él moremos como antesala del Cielo, donde esperamos gozar de la visión beatífica. Os lo pedimos por vuestra Madre la Corredentora.


4.- Oración final. Oh Señor nuestro Jesucristo, haced que vuestros santos misterios infundan en nosotros un fervor divino, de modo que, recibida la suavidad de vuestro dulcísimo Corazón, aprendamos a despreciar lo terreno y amar lo celestial. Vos que vivís y reináis por los siglos de los siglos. Amén.

Letanías del Sagrado Corazón de Jesús
Señor, misericordia.
Jesucristo, misericordia.Señor, misericordia.
Jesucristo, óyenos.Jesucristo, escúchanos.
Dios Padre celestial,Ten piedad de nosotros
Dios Hijo, Redentor del mundo,
Dios Espíritu Santo,
Santísima Trinidad un solo Dios,
Corazón de Jesús, Hijo del Eterno Padre,
Corazón de Jesús, Formado por el Espíritu Santo en el Seno de María
Corazón de Jesús, unido sustancialmente al Verbo,
Corazón de Jesús, de Majestad infinita
Corazón de Jesús, santo Templo de Dios
Corazón de Jesús, Tabernáculo del Altísimo
Corazón de Jesús, casa de Dios y puerta del Cielo
Corazón de Jesús, horno de encendido amor
Corazón de Jesús, receptáculo de la justicia y amor
Corazón de Jesús, lleno de bondad y amor
Corazón de Jesús, abismo de todas las virtudes
Corazón de Jesús, dignísimo de toda alabanza
Corazón de Jesús, Rey y centro de toda alabanza
Corazón de Jesús, en quien están todos los tesoros de sabiduría y ciencia
Corazón de Jesús, en quien habita la plenitud de la Divinidad
Corazón de Jesús, en quien el Padre se ha complacido
Corazón de Jesús, de cuya plenitud todos hemos recibido
Corazón de Jesús deseo de los collados eternos
Corazón de Jesús, paciente y de mucha misericordia
Corazón de Jesús, rico para todos los que lo invocan
Corazón de Jesús, fuente de vida y santidad
Corazón de Jesús, propiciación de nuestros pecados
Corazón de Jesús, saturado de oprobios
Corazón de Jesús, oprimido por nuestras maldades
Corazón de Jesús, hecho obediente hasta la muerte
Corazón de Jesús, traspasado por la lanza
Corazón de Jesús, fuente de todo consuelo,
Corazón de Jesús, vida y resurrección nuestra
Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra
Corazón de Jesús, víctima de los pecadores
Corazón de Jesús, salvación de los que esperan en Ti
Corazón de Jesús, esperanza de los que en Ti mueren
Corazón de Jesús, delicia de todos los santos,

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo.Perdónanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo,Escúchanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo,Ten misericordia de nosotros.

V. Jesús Manso y humilde de corazón,
R. Haz nuestro corazón semejante al tuyo.

Oración: Omnipotente y sempiterno Dios, mira al Corazón de tu muy amado Hijo y a las alabanzas y satisfacciones que te tributa en nombre de los pecadores; concede benigno el perdón a los que invocamos tu misericordia, en el nombre del mismo Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en unión del Espíritu Santo Dios, por todos los siglos de los siglos. R.Amén. 

SAN SILVERIO, PAPA y MÁRTIR

Vidas de los Santos de A. Butler


(C. 537 p.c.) - Silverio, hijo del papa san Hormisdas (pero que no gobernó inmediatamente después de él), no era más que un subdiácono el 22 de abril del año 536, día de la muerte del pontífice san Agapito I, en Constantinopla; pero en aquella fecha, Teodato, el rey ostrogodo de Italia, que temía la aparición de un candidato bizantino, le obligó a ocupar el cargo de Obispo de Roma. A pesar de semejante imposición, el clero romano aceptó de buen grado a Silverio, después de su consagración. La emperatriz Teodora le escribió inmediatamente para pedirle que reconociese a los monofisitas Antino y Severo como patriarcas de Constantinopla y Antioquía respectivamente; el Papa Silverio repuso con una rotunda negativa, aunque expresada con gentil lenguaje diplomático, y se afirma que, al sellar el sobre con la carta de respuesta, declaró que acababa de firmar su sentencia de muerte. Estaba en lo cierto: Teodora era una mujer implacable que no toleraba la oposición; aunque sí sabía aguardar una oportunidad para castigarla.
El general ostrogodo Vitiges, en su intento por tomar Roma, llegó hasta los suburbios y los arrasó; en la ciudad, el Papa y los miembros del senado, para evitar la catástrofe, abrieron sus puertas a un enemigo de los ostrogodos, el guerrero bizantino Belisario; y entonces se le presentó a Teodora su oportunidad. Primero se valió de la astucia: fraguó una carta en la que el Papa Silverio aparecía como un traidor en tratos con los godos y la hizo circular. Sin embargo, aquella estratagema fracasó y, entonces, la emperatriz recurrió a la violencia: el papa Silverio fue secuestrado y conducido hasta Patara de Licia, en el Asia Menor. Durante el día siguiente al del rapto, el bizantino Belisario, presionado por su esposa Antonina, proclamó Papa al diácono Vigilio, el candidato designado por la emperatriz Teodora. Así dio principio un período funesto para el papado.
En apariencia, se había mantenido en la ignorancia al emperador Justiniano de lo que sucedía en Roma; pero en cuanto el obispo de Patara le entrevistó para informarle con lujo de detalles, no pudo por menos que tomar cartas en el asunto: mandó que se hiciera una investigación y que Silverio partiese inmediatamente a Roma para hacerse cargo de la sede. Tan pronto como el Papa tocó tierras de Italia, los partidarios de Vigilio le cerraron el paso y lo capturaron. Antonina, la esposa de Belisario, ansiosa por halagar a Teodora, convenció a su marido para que ordenase a los captores del Papa que hicieran lo que buenamente les pareciera con el cautivo. En consecuencia, Silverio, vejado y golpeado por la soldadesca, fue escoltado hasta la solitaria isla de Palmarola, en el Mar Tirreno, frente a Nápoles y abandonado allí a su suerte. Pocos días más tarde, en aquella isla, o quizá en la vecina de Ponza, murió el papa a causa de los malos tratos recibidos y la falta de recursos en aquella soledad. De acuerdo con Liberato, quien escribió lo que había oído decir, murió de hambre; pero Procopio, un cronista contemporáneo de Silverio, asegura que el papa fue asesinado al llegar a la isla por uno de los soldados, que llevaba instrucciones de Antonina en este sentido. Como quiera que haya sido, a San Silverio se le conmemora como mártir.
No se ha puesto en claro cómo fue regularizado el nombramiento de Vigilio a la Sede Pontificia; pero sí se sabe que, tan pronto como ocupó el trono de San Pedro, su protectora, la emperatriz, dejó de favorecerlo, en vista de que se mostraba reacio a apoyar sus intrigas en favor de los monofisitas, se proclamó partidario de la ortodoxia e hizo todo lo que podía esperarse de un papa.

lunes, 19 de junio de 2017


MES DEL CORAZÓN DE JESÚS
1.- Oración Preparatoria. Oh Dios, que, por medio del Corazón de vuestro Hijo, herido por nuestras culpas, os dignáis en vuestra misericordia infinita darnos los tesoros de vuestro amor; os pedimos nos concedáis que, al presentaros el devoto obsequio de nuestra piedad, le ofrezcamos también el homenaje de una digna satisfacción. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

2.- Consideración del día: 

Día 19. Lanzada contra el Corazón de Cristo es el desconocimiento que reina de la vida y doctrina de Jesús, aun por parte de muchos cristianos, que lo son solamente de nombre, pero no en realidad.
3.- Invocaciones.


a) Sagrado Corazón de Jesús, circundado de espinas, haced que aceptemos los sufrimientos de esta vida como expiación por nuestros muchos pecados e ingratitudes y en reparación contra las ofensas que se os infieren, especialmente en la Santísima Eucaristía. Os lo pedimos por intercesión de vuestra Madre dolorosa.

Pater, Ave y Gloriapatri

b) Sagrado Corazón de Jesús, inflamado por las llamas de vuestra inmensa caridad, haced que nuestros corazones se abrasen en ese divino fuego y sean purgados de todo afecto desordenado como el oro en el crisol, de modo que en Vos se hagan uno como ofrenda de amor agradable a Dios. Os lo pedimos por el Corazón Inmaculado de María.

Pater, Ave y Gloriapatri

c) Sagrado Corazón de Jesús, abierto por la lanza del soldado a quien revelásteis vuestra divinidad, permitid que nos refugiemos en el seguro asilo de vuestro amor y que en él moremos como antesala del Cielo, donde esperamos gozar de la visión beatífica. Os lo pedimos por vuestra Madre la Corredentora.


4.- Oración final. Oh Señor nuestro Jesucristo, haced que vuestros santos misterios infundan en nosotros un fervor divino, de modo que, recibida la suavidad de vuestro dulcísimo Corazón, aprendamos a despreciar lo terreno y amar lo celestial. Vos que vivís y reináis por los siglos de los siglos. Amén.

Letanías del Sagrado Corazón de Jesús
Señor, misericordia.
Jesucristo, misericordia.Señor, misericordia.
Jesucristo, óyenos.Jesucristo, escúchanos.
Dios Padre celestial,Ten piedad de nosotros
Dios Hijo, Redentor del mundo,
Dios Espíritu Santo,
Santísima Trinidad un solo Dios,
Corazón de Jesús, Hijo del Eterno Padre,
Corazón de Jesús, Formado por el Espíritu Santo en el Seno de María
Corazón de Jesús, unido sustancialmente al Verbo,
Corazón de Jesús, de Majestad infinita
Corazón de Jesús, santo Templo de Dios
Corazón de Jesús, Tabernáculo del Altísimo
Corazón de Jesús, casa de Dios y puerta del Cielo
Corazón de Jesús, horno de encendido amor
Corazón de Jesús, receptáculo de la justicia y amor
Corazón de Jesús, lleno de bondad y amor
Corazón de Jesús, abismo de todas las virtudes
Corazón de Jesús, dignísimo de toda alabanza
Corazón de Jesús, Rey y centro de toda alabanza
Corazón de Jesús, en quien están todos los tesoros de sabiduría y ciencia
Corazón de Jesús, en quien habita la plenitud de la Divinidad
Corazón de Jesús, en quien el Padre se ha complacido
Corazón de Jesús, de cuya plenitud todos hemos recibido
Corazón de Jesús deseo de los collados eternos
Corazón de Jesús, paciente y de mucha misericordia
Corazón de Jesús, rico para todos los que lo invocan
Corazón de Jesús, fuente de vida y santidad
Corazón de Jesús, propiciación de nuestros pecados
Corazón de Jesús, saturado de oprobios
Corazón de Jesús, oprimido por nuestras maldades
Corazón de Jesús, hecho obediente hasta la muerte
Corazón de Jesús, traspasado por la lanza
Corazón de Jesús, fuente de todo consuelo,
Corazón de Jesús, vida y resurrección nuestra
Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra
Corazón de Jesús, víctima de los pecadores
Corazón de Jesús, salvación de los que esperan en Ti
Corazón de Jesús, esperanza de los que en Ti mueren
Corazón de Jesús, delicia de todos los santos,

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo.Perdónanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo,Escúchanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo,Ten misericordia de nosotros.

V. Jesús Manso y humilde de corazón,
R. Haz nuestro corazón semejante al tuyo.

Oración: Omnipotente y sempiterno Dios, mira al Corazón de tu muy amado Hijo y a las alabanzas y satisfacciones que te tributa en nombre de los pecadores; concede benigno el perdón a los que invocamos tu misericordia, en el nombre del mismo Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en unión del Espíritu Santo Dios, por todos los siglos de los siglos. R.Amén. 

SANTOS GERVASIO Y PROTASIO, MARTIRES

El Año Litúrgico - Dom Próspero Gueranguer


Philippe de Champaigne, «Los santos Gervasio y Protasio aparecen a san Ambrosio», 1658, Musée du Louvre, París.
Philippe de Champaigne, «Los santos Gervasio y Protasio
se aparecen a san Ambrosio », 1658, Muso del Louvre, París.
DOS SANTOS PACIFICADORES. — Aunque sólo se haga una simple memoria, en este día, de los gloriosos hermanos cuyo nombre fué antiguamente tan célebre en Occidente, sin embargo su mérito no debe disminuir ante nosotros. Gervasio y Protasio no son ahora honrados con fiesta solemne, precedida de vigilia, como nos lo presenta el Sacramentarlo Gelasiano; pero se ha conservado el lugar que ocupaban en las Letanías de la Iglesia Romana como representantes del éjercito de los mártires.
Los historiadores de los ritos sagrados nos enseñan que el Introito de la Misa de ambos mártires "El Señor dará la paz a su pueblo", es un monumento erigido por la confianza de San Gregorio Magno en su poderosa intercesión. Reconocedor de los felices resultados obtenidos anteriormente, les encomendó, al elegir esta antífona la pacificación total de la Iglesia, expuesta a la invasión de los Lombardos y a las reivindicaciones de la corte de Bizancio.
DESCUBRIMIENTOS DE SUS RELIQUIAS. — Dos siglos antes, ya San Ambrosio había experimentado la especial virtud pacificadora que Nuestro Señor parecía haber puesto en los huesos de estos gloriosos mártires en premio de su muerte. Por segunda vez la emperatriz Justina y el arriano Auxencio pretendieron dar el asalto definitivo contra el Obispo de Milán con las fuerzas coaligadas de la tierra y del infierno; pero por segunda vez había contestado Ambrosio a los que le intimaban que abandonase su Iglesia: "No es propio de un sacerdote hacer entrega del templo'" y amenazó con la excomunión a los soldados enviados para ayudar a los asaltantes del sagrado recinto, si llevaban a cabo su cometido; y, como sabía, que estaban ligados por el bautismo a Dios antes que al príncipe, los soldados no hicieron caso de la consigna sacrilega. Poco tiempo después dijo a la corte, atemorizada a causa de la indignación universal, cuando le suplicaba que apaciguase al pueblo sublevado ante medidas tan odiosas: "Está en mi poder no excitarle; mas su apaciguamiento pertenece a Dios." En fln, cuando, venidas las tropas arrianas, cercaron la basílica en que se hallaba San Ambrosio, se vió cómo, en el nombre indivisible y pacífico de la Santísima Trinidad, se encerraba todo el pueblo con su Obispo en la iglesia y sostenia solamente con la fuerza de la divina salmodia y de himnos sagrados este nuevo asedio. Pero el postrer acto de esta lucha de dos años contra un hombre sin armas, el suceso que puso fin, a la herejía, fué el hallazgo de las preciosas reliquias de Gervasio y Protasio, que poseía Milán sin saberlo, y que fueron reveladas al pontífice por inspiración divina.
Escuchemos la sencilla y amena narración que del hecho nos hace el santo Obispo en carta a su hermana Marcelina:
"El hermano a su señora y hermana más querida que la niña de sus ojos y su vida: Tengo por costumbre participar a tu santidad todo lo que aquí sucediere mientras tu ausencia; sábete, pues, que hemos encontrado cuerpos de mártires. En efecto, mientras estaba consagrando la basílica que conoces, la multitud me interpela a una diciendo: "dedícala como la Basílica Romana". Yo respondo: "Lo haré si encontrare reliquias de mártires. Y al momento me invade la emoción de cierto presagio. ¿Qué más? El Señor dió su gracia. A pesar de los reparos de los mismos clérigos, mandé cavar delante del lugar que ocupa la balaustrada de los santos Félix y Nabor. Encontré las señales deseadas: al punto se llevaron posesos a los que teníamos que exorcizar; y sucedió que, al aparecer los santos mártires, bajo el más profundo silencio, una posesa fué echada por tierra ante la santa tumba. Allí encontramos dos hombres de estatura prócer, como los de los tiempos antiguos, el esqueleto completo y cierta cantidad de sangre. El lugar fué muy concurrido durante dos días. ¿Para qué más detalles? Los cuerpos santos, dispuestos como era conveniente, los trasladamos íntegramente por la tarde a la basílica de Fausta; allí tuvimos la vigilia toda la noche y la imposición de las manos. Al día siguiente, traslación a la basílica que llaman Ambrosiana; durante el trayecto, fué curado un ciego'".
TUMBAS DE LA AMBROSIANA. — Diez años más tarde Ambrosio ocupará a su vez un lugar junto a ellos bajo el altar de la basílica Ambrosiana. Fué colocado al lado de la Espístola, dejando el del Evangelio para los dos mártires. En el siglo ix uno de sus sucesores, Angilberto, reunió en un mismo sarcófago de pórfido los tres cuerpos santos y se les colocó en sentido longitudinal con el altar y sobre las tumbas primitivas. Allí fué donde, pasados mil años y gracias a los trabajos de reparación de la basílica, reaparecieron el 8 de agosto de 1871 no en la sangre que había hecho reconocer a los mártires en el siglo iv, sino en una capa de agua profunda y límpida: imagen encantadora del agua de la Sabiduría 1 que había brotado con tanta abundancia de los labios de Ambrosio, principal personaje de la sepultura. Allí, no lejos de la tumba de Marcelina convertida en altar, el peregrino actual, enchida su alma de recuerdos de antiguas edades, venera todavía estos piadosos restos; pues permanecen aún juntos en la urna de cristal en donde, sometidos a la tutela inmediata del Romano Pontífice2, esperan todavía la resurrección.
San Agustín y San Ambrosio no escribieron nada sobre la historia de los santos Gervasio y Frotasio. Quizá no sabían nada acerca de su vida y martirio. Se limitaron solamente a cantar los milagros que se obraban en su tumba y a ensalzar su valimiento ante Dios. Así fué como su culto se extendió en pocos años por Italia, Francia y el resto de Occidente.
EL TESTIMONIO DE LA SANGRE. — Oh Santos mártires, aunque las enseñanzas de vuestra vida, no han llegado a nuestros oídos, con todo eso, exclamaremos con Ambrosio cuando os presentaba al pueblo: "La mejor elocuencia es la de la sangre; pues la sangre tiene un sonido atronador, que resuena en la tierra y en el cielo'". Hacednos comprender su poderoso lenguaje. Los cristianos deben estar siempre prestos a dar testimonio del Dios Redentor. ¿Será quizás que nuestras generaciones no tienen ya sangre en sus empobrecidas venas? Sanad su incurable decaimiento; lo que no pueden los médicos de las almas, siempre lo puede Cristo.
Levantaos, pues, gloriosos hermanos; enseñadnos el camino regio de la abnegación y del sufrimiento. No puede ser en vano el que nuestros ojos hayan podido, en estos últimos tiempos, contemplaros como os contempló Ambrosio; si Dios os revela de nuevo a la tierra después de tantos siglos, es que tiene en vista el mismo fin que antiguamente, esto es: levantar por medio de vosotros al hombre y a la sociedad de una esclavitud funesta, deshacer el error, salvar a la Iglesia, que no puede perecer, pero que El quiere liberar por medio de sus santos. Vosotros, que en otro tiempo obtuvisteis por vuestras oraciones la paz para Italia asolada por larga guerra, alcanzadnos del cielo la paz para el mundo entero. Reconoced mediante dignos y nuevos servicios, la protección con que Pedro ha custodiado vuestros restos. Haced que Milán sea digna de vosotros y de Ambrosio. Proteged las comarcas próximas o lejanas, a las que enriqueció en otro tiempo la sangre encontrada en vuestro sepulcro.

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